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EL BIENESTAR ANIMAL EN EL IRTA. MÁS DE 20 AÑOS DE INVESTIGACIÓN Y TRANSFERENCIA

La ciencia del bienestar animal trata de entender mejor las necesidades de los animales y aborda mediante el uso del método científico aquellos indicadores que permitan evaluarlo de la forma más objetiva posible. El IRTA hace más de veinte años que cuenta con investigadores especializados en el estudio del bienestar animal y su programa de Bienestar Animal cuenta con un gran prestigio internacional. Prueba de ello son la participación de expertos del IRTA como miembros fijos del panel de Salud y Bienestar Animal de la EFSA, como expertos para redactar capítulos de bienestar animal en el código terrestre de la OIE, en el programa BTSF de la UE o dentro del programa TAIEX, así como la participación en diferentes comités, como la Plataforma Europea de Bienestar Animal. Dichos investigadores tienen un claro liderazgo mundial en el manejo humanitario de los animales en el momento de su sacrificio (ya sea en un matadero o en granja), y en el conocimiento de la especie porcina. No obstante, también trabaja en rumiantes, aves de corral y conejos, abordando todas las fases de vida del animal, desde que nace hasta que fallece, aportando en todas ellas las herramientas de estudio del comportamiento y estado fisiológico que permitan conocer su estado general.

El programa de Bienestar Animal del IRTA tiene tres objetivos principales. En primer lugar, hacer buena ciencia en materia de bienestar animal. En segundo lugar, ayudar al sector productivo a poder avanzar en un mayor conocimiento de su principal activo, los animales, y en cómo utilizar este conocimiento para mejorar su estado y, en consecuencia (porqué es una consecuencia directa), conseguir sistemas de producción más eficientes. En tercer lugar, transferir todo este conocimiento a la sociedad. En el primer campo hay que destacar la participación de la Unidad de Bienestar Animal en más de 20 proyectos de índole europeo, en colaboración, a menudo, con los principales centros de investigación de Europa en el área animal. En el segundo campo, el grupo cuenta con cerca de 100 contratos realizados en los últimos años con empresas privadas tan diversas como farmacéuticas, industrias cárnicas, empresas lecheras, ganaderías u oenegés. En el tercer campo, el grupo cuenta con más de 5000 horas de transferencia de conocimiento (charlas, jornadas, cursos…) realizados solo en los últimos 8 años.

Para entender mejor lo que comprenden estos tres objetivos para el programa de Bienestar Animal del IRTA se puede utilizar el ejemplo de los protocolos Welfare Quality®. En el año 2004, la Unión Europea decidió invertir 17 millones de euros en un proyecto que cambiaría la forma de entender el Bienestar Animal en Europa. Cuarenta instituciones y cerca de 500 personas trabajaron en este proyecto, que terminó en el año 2009. Uno de los objetivos principales del proyecto, que además involucraba a las principales asociaciones europeas de productores y oenegés, era el de establecer una metodología para evaluar el bienestar animal, que fuera completa y que acabara con un valor que pudiera utilizarse algún día en una etiqueta, dentro de lo que se conocía como “from fork to farm” (de la mesa a la granja). El acrónimo de este proyecto fue Welfare Quality® y el IRTA fue una de las instituciones que participó en el mismo. Dos hitos importantes de este proyecto fueron la forma de definir el bienestar animal y los protocolos que salieron de esta forma de definirlo. La definición del bienestar animal que se utiliza en el Welfare Quality® es el resultado de un buscado consenso entre agentes muy diversos, y seguramente la evolución natural de las cinco libertades del bienestar animal que se definieron en los años 70 en el Reino Unido. Es decir, es una definición integradora, en el que el bienestar animal no se ve como un solo concepto o una sola medida que sobresale sobre las demás, sino donde se combinan las tres grandes definiciones del bienestar animal, las que se centran en las emociones, en los comportamientos naturales o necesidades de comportamiento y en la respuesta de estrés. El resultado son 4 principios y 12 criterios que desde el 2009 nos han permitido estructurar el bienestar animal de una forma fácil de utilizar y de poder transmitir. Pero más importante que esos 4 principios y esos 12 criterios es todo el trabajo que hay detrás de las medidas que se utilizaron para poder dar un valor a cada uno de esos 12 criterios en las tres especies en las que trabajó el Welfare Quality®: el cerdo, el vacuno y los pollos/gallinas. Durante cinco años se trabajó en validar las medidas que servirían para evaluar esos criterios en cada especie e incluso en cada fase productiva. Es decir, ¿las medidas medían realmente lo que creíamos que medían? También se midió su repetitividad. Es decir, ¿se puede entrenar a dos personas para que delante de un grupo de animales puedan sacar el mismo resultado en una medida concreta? O si eran prácticas. Es decir, ¿necesito sacar sangre a todos los animales para saber si hay un problema de falta de agua en una granja? Después se establecieron unos umbrales. Es decir, ¿Sirve de algo que pida que la mortalidad en granja sea del 0% o tengo que poner una escalado de valores que me permita distinguir a los más buenos de los menos buenos, tipo <1% 100 puntos, <3% 60 puntos, etc..? Finalmente, había que combinar las medidas para tener el protocolo final. En el caso del porcino, el grupo de Bienestar Animal del IRTA lideró este proceso y, en consecuencia, al acabar el proyecto el año 2009 la responsabilidad de entrenar a cualquier persona interesada en los protocolos de porcino cayó bajo la responsabilidad del IRTA. Esto ha implicado cursos en una gran parte de los países de la UE además de China, Canadá, Colombia o Brasil, lo que da una idea del impacto internacional de estos protocolos.

¿Por qué es necesario entrenarse en el uso de los protocolos? Pues porqué otro cambio revolucionario en la forma de ver el bienestar animal hasta entonces fue que el Welfare Quality® planteó que el bienestar animal debía medirse en los animales, no en las instalaciones o a través del manejo. Un suelo en mal estado te puede indicar que hay un riesgo de que un animal se haga daño, pero mirando suelos no evalúas el bienestar animal. El bienestar animal lo miras cuando te centras en los animales que pisan ese suelo y buscas cojeras, lesiones, deformaciones en las pezuñas o zonas peladas. El problema, claro está, es que para que la forma de evaluar una cojera sea repetible es imprescindible un buen entrenamiento. Por eso, los libros que se publicaron del Welfare Quality®, y que contienen los protocolos, se consideran solo una guía y existen evidencias suficientes para poder afirmar con total seguridad que quien utilice los protocolos Welfare Quality® sin haber recibido el preceptivo entrenamiento no está utilizando Welfare Quality®. Esto no significa que sea malo evaluando cojeras, o las otras 25 medidas que contiene el protocolo. Es posible que sea el mayor experto del mundo evaluando cojeras, pero no lo hará según Welfare Quality®, pues no se ha entrenado para evitar los centenares de sesgos individuales que tenemos todos y que aniquilan cualquier posibilidad de tener una buena repetitividad. Por esta razón, y para seguir trabajando los protocolos, pues se consideran elementos vivos que deben seguir creciendo y mejorando año a año, el núcleo central de instituciones que trabajaron en el Welfare Quality®, entre ellos el IRTA como miembro fundador, después de 2009, decidieron crear el Welfare Quality Network, una red de centros de investigación que se ocuparía del cuidado de los protocolos. Actualmente, el IRTA es uno de los tres miembros del Comité de Gestión de esta red.

Pero como se mencionaba anteriormente, el objetivo científico es sólo uno de los tres pilares con los que trabaja el grupo de bienestar animal y es hora de abordar el segundo. La ventaja de un protocolo que tiene un gran número de medidas basadas en los animales, es que también se puede utilizar como una herramienta para mejorar las granjas o los mataderos. Así, los indicadores y la metodología desarrollada en el Welfare Quality® (como ejemplo, pues también se utilizan otro tipo de metodologías), nos permiten saber dónde estamos en un escenario concreto. Es importante recordar que cualquier problema de bienestar al animal le supone un coste y ese coste el animal siempre lo acaba trasladando al ganadero. Si conseguimos tener mejores animales y mejor a los animales las granjas serán, seguro, mucho más eficientes, pues en bienestar animal, como en tantas cosas en la vida, hay que buscar el win-win y el trabajo del IRTA cuando asesora en bienestar animal va en esa dirección.

Finalmente, está la transferencia del conocimiento. Cuando en el año 2013 diferentes compañías de certificación contactaron con el IRTA para desarrollar esquemas de certificación, la respuesta que recibieron fue la misma. El IRTA no iba a crear diferentes herramientas a medida para ninguna empresa de certificación. Existía una herramienta que no sólo era el fruto del trabajo de decenas de instituciones de la UE, sino que además suponía el mayor consenso al que se había llegado jamás en el seno de la UE en relación a la forma de abordar el bienestar animal. Por la responsabilidad en hacer llegar al usuario final esta herramienta que se creó para ello y por convicción en la utilidad de la herramienta, aún y su necesidad de mejora continua, se apostó por el Welfare Quality® y se buscó la complicidad del Welfare Quality Network. Una de esas certificadoras, AENOR, aún y la dificultad que entrañan los protocolos a la hora de entrenar a los auditores y la duración de las evaluaciones, que pueden llegar a las 6 o incluso 7 horas en algunas granjas, apostó por este planteamiento y arrancamos un proyecto piloto que empezó en 2014 con una empresa de producción lechera.

Actualmente, en 2018, hay más de 60 empresas que están siendo auditadas con estos protocolos en España, convencidas que el bienestar animal se debe medir en los animales, que el bienestar animal es un proceso de mejora continua y que los protocolos Welfare Quality® sirven para aquello para lo que fueron creados, para ir de la mesa a la granja. Y es este año, llegado al volumen al que se ha llegado, que es hora de dar por terminado este piloto que se inició en 2014 y dotar a la herramienta de los mecanismos de control que nos permitan compartirla con otras empresas de certificación que puedan utilizarlo con la rigurosidad que requiere una marca como Welfare Quality®. Pues la fuerza de Welfare Quality® radica en la red de centros de investigación que lo sustentan, el Welfare Quality Network, que mediante programas de formación y seguimiento rigurosamente establecidos aseguran que los umbrales, las medidas y la forma de aplicar los protocolos responden exactamente a como estos fueron creados, sin desviaciones, ni adaptaciones y sin desvirtuarlos.  

Por Antoni Dalmau, Emma Fàbrega y Antonio Velarde (IRTA)

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